Sabes, en tu boca bebo de la propia poesía,
y mis silencios cantan todos para ti.
Es un silencio que se estira, casi un grito contenido, una pulsación que no pide permiso. En tu boca, bebo de la propia poesía —no la hecha de rimas, sino la de carne y desasosiego. Es el espanto de descubrir que la palabra, cuando toca tu nombre, deja de ser lenguaje y se vuelve existencia pura.
Y mis silencios… ah, ellos no callan. Ellos cantan. Cantan para ti un canto mudo, de quien entiende que, en el fondo, amar es este encuentro vertiginoso donde lo que no digo es lo que, al fin, me explica.
Tú eres el revés de mi caos, y yo, rendida, bebo de ese misterio que habita en tus labios.
© Beatriz Esmer
